DESASTRES NATURALES Y SU CLASIFICACIÓN
Fenómenos atmosféricos. Se derivan de las condiciones climáticas o de la atmósfera terrestre, y tienden a ser extremas: sequías
prolongadas o tormentas eléctricas inacabables, ventiscas, huracanes, etc.
Deslizamientos de masas. Se entiende por ello a los aludes,
avalanchas y otros corrimientos de masas terrestres, como ríos, piedras, montañas, lodo, etc.
Desastres biológicos. Aquí entran las pandemias y extinciones
masivas, entre otros brotes infecciosos que pueden o no atacar directamente al
ser humano.
Erupciones volcánicas. Cuando el magma hirviente de las
profundidades de la Tierra brota hacia afuera violentamente, da origen a
volcanes. La lava caliente origina nuevas capas de superficie y lo destruye
todo a su paso.
Fenómenos espaciales. Aquí entran la caída de objetos desde
el espacio como meteoritos, vientos solares y otros fenómenos provenientes de
fuera del planeta.
Incendios forestales. La sequía, el intenso sol o la
presencia de vidrio y otros materiales que concentran los rayos solares
haciendo de lupa, pueden iniciar incendios enormes, que devoran hectáreas de
pastizales e incluso bosques enteros a su paso, acabando con la vida y
ensuciando masivamente la atmósfera con sus humos y partículas en suspensión.
Terremotos. Se llama así a los movimientos espasmódicos y desordenados de la
corteza terrestre, consecuencia de los movimientos de las placas tectónicas.
Pueden ser leves y ocasionar poco daño, o ser sacudones terribles que derriban
árboles, edificios y montañas.
Tsunamis e inundaciones. Consecuencia de terremotos submarinos o
de abruptos cambios
climáticos (como el fenómeno El
Niño), lo anegan todo a su paso, sumergiendo casas enteras y acumulando masas
de agua que arrastran todo a su paso, arruinando
cosechas y pueblos enteros.





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