HISTORIA DE CHOCOLATES “HELENA”
Con
una vida hecha y luego de dar a luz a su séptimo hijo, Elena Soler de Panizo
decidió darle un mayor sentido a su vida. Animada por su esposo Jorge, se
inició en la repostería, en la “repostería fina”, dice. Para ese entonces,
sus creaciones ya eran harto conocidas en las reuniones familiares y se
preguntó: “¿por qué no las vendo?”
Fue entonces que su esposo —que es administrador de empresas— le dio una perspectiva para comenzar a hacer las cosas y neutralizar riesgos. Su esposo fue su mayor fuerza e inspiración.
Empezó
con los toffees y luego vendría su famoso “pecanroll” (un enrollado de
chocolate, pecanas y toffe). En ese entonces su cocina se había convertido en
un pequeño taller. “No había necesidad económica, lo mío pasaba por un tema de
escasez de cosas finas, de dulces, etcétera”.
El
encanto por los dulces llegó cuando era una niña. Elena tenía una vecina a la
que llamaba tía y gracias a ella conoció el olor, el sabor, las sensaciones del
chocolate.
Sus
hijos fueron sus primeros trabajadores, ya que envolvían con alegría y
entusiasmo cada teja que su madre hacía. En la actualidad, Jorge Panizo se ha
convertido en su gerente general y Fernando Panizo es el responsable de vender
las chocotejas peruanas en diferentes minimarkets de Miami.
A
pesar de la entrada de los chocolates importados nunca se rindió. Incluso la
implementación de la línea de chocotejas -incluyendo las especiales, cuyos
sabores son la cereza, la frambuesa, entre otros manjares-, le permitió
facturar en el año 2008 más de 1,5 millones de dólares. Así, Helena se
consolidó como el principal exportador de chocolates gourmet a Estados Unidos.
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